En la página de calidad reunimos los respaldos que sí podemos mostrar: convenios de monitoreo, cooperación técnica con organismos provinciales y aportes de equipos que participan en muestreos de red. No publicamos cifras sin fuente ni certificaciones que no podamos verificar. Lo que aparece acá es lo que efectivamente sostiene el trabajo de campo.
Aportan planillas de muestreo en red y reportes de cloro residual de sus propios laboratorios. Con esos datos cruzamos resultados entre captación, planta y distribución domiciliaria antes de publicar cualquier análisis.
Colaboran con información sobre obras cloacales, plantas de tratamiento y planes de ampliación de red. Nos permiten contrastar anuncios oficiales con el estado real de cada frente de obra.
Organizaciones ambientales y equipos universitarios que registran aves, vegetación y calidad de agua en lagunas y bañados. Su trabajo sostiene buena parte de lo que sabemos sobre estos ecosistemas.
Comparten mediciones de caudal, turnos de riego y observaciones de campo en fincas que reconvirtieron a goteo. Son la referencia práctica cuando se discute tecnificación en Mendoza.
Universidades nacionales que aportan metodologías de muestreo y revisión técnica de los contenidos. Cuando un dato no cierra, preferimos dejarlo fuera antes que publicarlo sin respaldo.
Comentarios de municipios, cooperativas y equipos técnicos que trabajaron con nosotros en plantas potabilizadoras, redes de distribución y monitoreo de humedales. Sin métricas infladas: qué se hizo, qué se midió y qué quedó funcionando.
Trabajamos tres meses en la planta de Potrerillos ajustando la dosificación de cloro y el muestreo en red. Antes teníamos reclamos por sabor en dos barrios altos; después de recalibrar los puntos de toma y ordenar los registros diarios, los reclamos bajaron y hoy podemos mostrar la trazabilidad completa cuando la provincia la pide.
Nos ayudaron a delimitar el humedal asociado al río y a armar un plan de monitoreo comunitario con vecinos y una cátedra de la universidad. Lo concreto fue el ordenamiento del pastoreo en el borde y la señalización de las zonas de nidificación. Al año siguiente volvimos a censar aves y el conteo se sostuvo.
Reconvertimos dos cuadros de viñedo a riego por goteo con filtrado en cabecera. El primer año fue de prueba y error: hubo que rehacer turnos y aprender a leer la humedad del suelo antes de abrir válvulas. Al segundo ciclo el consumo por hectárea se estabilizó y el mantenimiento de cintas dejó de ser una sorpresa.
Nos pidieron revisar por qué aparecía turbiedad intermitente en la red de un barrio bajo. La causa no estaba en la planta sino en un tramo antiguo con sedimentos que se removían con cada variación de presión. Se cambió el sector, se purgó y se dejó un protocolo escrito para el personal de guardia.
En Agua Perfecta publicamos datos verificables sobre calidad de agua potable, obras de saneamiento y protección de humedales. No medimos nuestra credibilidad en cifras infladas: la sostenemos con metodología, trazabilidad y trabajo de campo en Mendoza, San Juan y el conurbano bonaerense.